La Catedral de la Luz se alzaba con todo su explendor en Ventormenta. Esta podía ser divisada desde lo lejos, con su esplendorosa aguja acariciando el cielo.
En una de sus salas, se encontraba Ina, leyendo los libros que se encontraban en los innumerables estantes que allí había.
En los antiguos manuscritos, figuraban viejas leyendas de Lordaeron, historias sobre la Orden de la Mano de Plata, y sobre su fundador, Uther, el Portador de la Luz, un paladín ejemplar, que cualquier caballero de la Luz querría alcanzar. De ese mismo modo, Ina le admiraba y pretendía alcanzarle. Realizaría proezas, tales que algun día su propio nombre figuraría en esos textos. Por el momento debía regresar junto a sus compañeros, en la posada de ''La Rosa Dorada''. Salió de la Catedral, no sin antes hacer un reverencia frente al altar, y se encaminó a la posada.
En la posada ''La Rosa Dorada'' reinaba un silencio absoluto. En esos días no se habían tenido muchos clientes, pues la presencia de los Defías inspiraba temor y los visitantes eran cada vez mas escasos. A pesar de esto, recientemente un variopinto grupo aparecio buscando hospedaje. El grupo lo formaban dos humanos, dos elfos nocturnos, un enano y un gnomo. Habían pedido tres habitaciones. Por la mañana cada uno de ellos desaparecía, para reunirse con sus compañeros al anochecer en una mesa apartada y conversaban durante largo rato. Debido a la escasez de clientes, lo que equivalía a silencio, la posadera podía oir pefectamente la conversación. Aunque siempre trataba de no escuchar, no podía evitar que alguna palabra llegara a sus oídos, tales como ''Defías'', ''ataque'' y ''hermandad''. En un principio pensó que se trataba de un grupo de espías de los Defías - un tanto extraño, ciertamente - pero pronto se dió cuenta de que el grupo pretendía atacar a los Defías.
''Como si fueran los primeros'' pensó la posadera ''Lucharán y caerán, como todos los demás''
- ¿Las mazmorras? - dijo el enano, sorprendido - ¿Para que demonios vamos a enfrertarnos a los Defías si ya estan en las mazmorras?
- De alguna manera han tomado el control. - respondió el guerrero, un humano de unos 25 años - Creo que ha sido obra de los Zahorís que rondan por el bosque
















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